Dice una conocida frase que si consigues un amigo mallorquín no lo pierdes jamás. Eso deben pensar socialistas y populares de Unió Mallorquina y más concretamente de su jefa, Maria Antònia Munar, genio y figura, que han ido rotando en el baile de las coaliciones desde allá en la década de 1980 hasta febrero de 2010, cuando el presidente balear, el socialista Francesc Antich, decidió romper la coalición por razones éticas. Ahora, algunos políticos del archipiélago están cubiertos de cieno hasta las cejas. Eso pasa por tener amigos de los que no hay forma de desprenderse.
Estoy convencido de que la inmensa mayoría de los mallorquines están profundamente avergonzados de estos personajes, pero también es cierto que deben aprovechar una oportunidad única en las próximas elecciones al Parlamento balear para desterrar para siempre los comportamientos que ven en la política una actividad para conseguir el enriquecimiento personal.
Todo se remonta al año 1983. En las primeras elecciones al Parlamento balear, los populares y los socialistas empataron en escaños, convirtiéndose Unió Mallorquina en el fiel de la balanza. Finalmente, este minúsculo partido, escisión de la UCD, dio su respaldo a Alianza Popular gracias a las gestiones de unos afamados banqueros oriundos de las islas. Este matrimonio duró, con alguna interrupción por la mayoría absoluta de los conservadores, hasta bien entrados los años noventa. Allá por 1999, con la pérdida de mayoría absoluta del PP, Unió arrimó su sardina al ascua socialista, formando un pacto tutti fruti con formaciones minoritarias de izquierda y catalanistas. Con el cambio de novio no frenaron ni la especulación urbanística ni los continuos pelotazos en las adjudicaciones de obras y eventos. Cuatro años más tarde, con el retorno de los populares al Govern, la borrachera de poder de UM acabó, presuntamente, con el saqueo de las arcas regionales y con el atropello continuo de las leyes urbanísticas y de financiación de los partidos políticos. Se produjeron continuas desviaciones de poder y de dinero, malversaciones de caudales públicos, cohechos, comportamientos absolutamente reprobables en unos responsables políticos. Todas estas conductas han provocado revuelo y preocupación en estos momentos. En 2007 volvió al poder la coalición macedonia, pero a mitad de legislatura las cosas ya no volvieron a ser como antes: con una frenética actividad de la fiscalía anticorrupción, el aparato que dirigía UM quedó desmantelado. Desde entonces se han sucedido dimisiones y destituciones masivas de afines a esta formación, en especial de cargos existentes durante el ejecutivo del popular Jaume Matas (2003-2007). Ahora es cuando ha comenzado a salir el olor a cloaca, después de tantos años de impunidad y desafío a la justicia.
En su estancia en el poder autonómico durante más de dos décadas, Unió Mallorquina, al ser decisiva en distintas instancias de poder en las islas, adquirió una relevancia casi inusitada a pesar de que no suele llegar a la media docena de diputados, de un total de sesenta. Esta visibilidad fue caldo de cultivo de una red de clientelismo y, por qué no decirlo, de corrupción a espuertas. Esta tela de araña ha ido creciendo progresivamente, hasta estallar a finales de 2009, con la detención de importantes dirigentes del partido y cargos de confianza de éstos, imputados por malversación, cohecho, prevaricación y otras lindezas que cometen las personas que se dedican a estos menesteres.
De todo esto tenemos un caso palmario. Munar, presidenta del Consell Insular de Mallorca durante 12 años, y posteriormente presidenta del Parlament autonómico hasta su caída en febrero de 2010, está imputada en diversos sumarios. Respetar la presunción de inocencia es esencial. Esta política tiene todo el derecho a ello, pero políticamente está inhabilitada para seguir al frente de la Cámara autonómica, después de tanto escándalo y tanto espectáculo. Los políticos no solo deben ser honrados, sino parecerlo. Afortunadamente, ha dado el paso que todo hijo de vecino esperaba de ella y ha dimitido. Lo ha hecho tarde pero ha hecho lo correcto, apartarse de la primera línea.
Ahora ha llegado la hora de la resaca, después de una embriaguez de más de seis años. De aquellos polvos vienen estos lodos. Imputados, esposados y juzgados. Todo un cóctel que procede de épocas en las que, en pleno auge del ladrillo, ser honrado equivalía a que te dijeran tonto por no aprovecharte. Ya vendrán las multas, las prisiones y las inhabilitaciones. Pero hay un problema de fondo, y es que se ha instaurado la cultura del todo vale, total, el dinero no se devuelve porque está guardado en paraísos fiscales o a nombre de testaferros del todo insospechados. Así a muchos les dan ganas de votar a estos mini-partidos que tienen por único objetivo la detentación del poder, porque dan a entender que da igual, que si malversas o robas tampoco te van a apretar mucho. Desprecian al pueblo porque desprecian las leyes al no cumplirlas, o al alterarlas para su propio lucro.
Voy a terminar relatando una experiencia personal. Que conste que yo tengo amigos y familiares allí en Baleares, son todos encantadores, y no se parecen en nada a estos presuntos ladrones, disfrazados de presuntos políticos. Más quisieran muchos de éstos parecerse a ellos.
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Que estos partidos tengan fuerza decisoria con tan pocos votos me indica que detrás debe haber dinero y favores. Quiero decir que el poder negociatorio tan grande que tiene UM seguramente responde a una élite aparte. Se que es el típico discurso izquierdista de los poderes fácticos, pero es que solo me lo puedo explicar así.
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